Gabinete Infantia

Adolescentes, ¿alguien les entiende?

Publicado por Gabinete Infantia en julio 20, 2010

Mónica S. Florido
Psicopedagoga.
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Cuando son pequeños nos hacemos una idea de cómo serán de mayores y pensamos en ese deseo universal de todos los padres en el cual sólo pedimos que todo le vaya fenomenal.

Empiezan a hacerse mayores y consideras que todos aquellos valores que le has inculcado para que se convirtiera en una persona integra no han servido de nada porque ahora le encuentras como si fuera “salvaje”: nada le gusta, todo le parece sin sentido o como si le diera igual una cosa que la otra… en definitiva, no identificas a ese pequeño o pequeña que era hasta hace bien poco.

Una vez leí que un adolescente es como un ciego al cual le arrojamos a un ring de boxeo. Si a ese ciego le damos muchos consejos y no paramos de decirle como debe golpear pero no le damos lo fundamental que es la vista, es poco probable que gane el combate. Lo mismo ocurre con un adolescente, digamos que la comunicación, y el respeto para verlos como un adulto en ciernes son a un joven lo que la vista para el ciego.

Tu labor como padre y madre se inicia desde el nacimiento y no debes dudar en que has hecho y estas haciendo una buena labor. La confianza es fundamental. Nadie dice que es fácil, pero es un trámite en la vida como otro.

Las relaciones con los hijos adolescentes siempre han sido complicadas. No hay recetas mágicas y tampoco son reales esas escenas de series norteamericanas en las que padres e hijos conviven como si fuesen amigos. Aquí incurriríamos en un gran error: padres e hijos no pueden ser amigos. Un padre y una madre no pueden cambiar sus roles, siempre serán un padre o una madre. Es muy posible e incluso es lo deseable mantener una relación adulta y de diálogo con nuestros hijos pero esto no debe confundirse con querer volver a tener 14 años.

Los adolescentes intenta averiguar quienes son y que posibilidades tienen y desde luego sueñan con jugar a ser mayores y poder hacer lo que quieren. Y ese miedo a un cambio al que se le suma una transformación en su cuerpo, hace que sufra distintos estados de ánimo y nunca lleguemos a entender que es lo que quieren.

No hay recetas, pero si os puedo dar unos consejos útiles que quizá os sirvan; sobre todo consejos de comunicación. No puedes olvidar que la comunicación es el punto de partida en toda relación humana y máxime en estas edades:

  • Enséñale y predica sobre todo con el ejemplo (si no, no hay enseñanza valida). Que seamos capaces de escucharnos entre nosotros y sobre todo entender el punto de vista del otro. Eso no significa que cambiemos de parecer, simplemente que entendamos que hay otras formas de pensar y la nuestra no es la única y por tanto la válida. Todos/as somos personas únicas: tenemos emociones, genio, gustos y necesidades distintas.
  • Es necesario aceptar a nuestros hijos tal y como son, de esta manera les proporcionamos la fuerza para ser ellos mismos y el valor para empezar a enfrentarse a los prejuicios del mundo exterior.
  • Todos tenemos derecho a equivocarnos y aprendemos con los errores. Es la forma más primitiva de aprender.
  • Puedes comunicarle tu opinión como adulto pero no imponer tu criterio. Muchos padres y madres pecan de tener la razón y saber siempre que es lo mejor para sus hijos y esto no siempre es cierto. No siempre acertamos en las decisiones y pasos que damos en nuestra vida. Es posible que intuyamos que es lo mejor para ellos pero eso no es motivo alguno para obligarles a seguir nuestro camino tal y como se lo hemos trazado. Dale un margen de error y de poder probar, esta es la mejor forma de entrenarles para llegar a ser adultos responsables.
  • A la hora de hablar sobre temas que te inquieten, tales como drogas, relaciones sexuales y demás, no esperes para darle la “gran charla”. Esto es lo que menos se debe hacer. Aprovecha momentos puntuales tales como escenas de una película o un anuncio televisivo o esos juegos agresivos de la play station que tanto le gustan, para exponer tus ideas sobre el tema concreto. “Mejor pequeñas charlas que una gran charla”
  • Escúchale
  • Intenta ser positivo/a y sobre todo optimista en tus argumentos. Evita sobre todo compararte con tus años de juventud y que todo tiempo pasado fue mejor.
  • Si en algún momento de la conversación su respuesta es agresiva y sin darte cuenta va subiendo el tono, para y déjalo para cuando los ánimos estén más calmados.
  • Habla sobre tus cosas, no tengas miedo a mostrarte como eres. De esta forma fomentarás la sinceridad y sobre todo la confianza.
  • Interésate por su música, los videos juegos, sus amigos… e intenta opinar sin imponer.
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