Empatía con los hijos ¿y cómo lo hago?

 

Ya hablamos en el post anterior sobre la importancia de la empatía con nuestros hijos y la reflexión que nos debemos hacer para asegurarnos si somos empáticos o no en casa.

Pues bien, ahora toca poner ejemplos para responder a esta cuestión tan importante en la educación de nuestros hijos.

La empatía no debe ser confundida con ceder o dejar que nuestros hijos hagan lo que quieran o incluso consentirlos. Debe ser considerada como un fundamento de la comunicación efectiva que juega un papel principal.

¿Qué podemos hacer?

  • Es común en los niños y no se si esto nos viene de serie en la especie humana o lo aprenden de los mayores, pero la realidad es que desde bien pequeños les gusta criticar los defectos de los demás y cuando llegan a la pre-adolescencia ni te cuento… y esto claro, cuando no hay una discapacidad, porque en tales casos, la crítica es despectiva. Ayúdale a que el mensaje de sus comentarios sobre los demás ya sean físicas o psíquicas no lo interioricen y que en lugar de reaccionar negativamente lo conviertan en comprensión.

Sigue leyendo

¿Soy empático con mis hijos?

 

¡Uf!, ¿ Por qué nos resulta tan complicada mostrarla con nuestros hijos? Uno puede ser empático, e incluso nos mostramos así en el trabajo, con los amigos, con la pareja.. ¿pero que nos ocurre con los niños? La razón es posible que esté en que nos acostumbramos a dar órdenes sobre cómo deben hacer las cosas, cómo deben contestar a los demás, cómo deben comportarse… un sinfín de enseñanzas en las que si nos fijamos con detenimiento en muy pocas ocasiones aplicamos empatía hacia ellos.

La empatía la podemos definir como la capacidad de identificarse con los sentimientos, pensamientos y actitudes ajenas. Facilitará la comunicación y es el punto de partida para ayudar a nuestros hijos a localizar islas de competencias y éxito en sus vidas. Le ayudará a desarrollar responsabilidades, compasión, competencia social, entre muchas otras cosas. Si partimos de la base que cada interacción con nuestros hijos proporciona una oportunidad educativa para elaborar un tejido personal fuerte y resistente. ¿entonces que razón hay para no aplicarnos más en casa? Pondré un ejemplo bastante común y con el que estoy segura te puedes sentir identificado/a. Estás en el trabajo y a un compañero  le cuesta llevar a cabo el proyecto que estamos organizando y que debemos entregar y presentar en la reunión al día siguiente. Pues bien, le aportas soluciones,colaboras, escuchas y le explicas pacientemente aquello que no llega a entender y por tanto no logra desarrollar. Acaba la jornada laboral  y te vuelves a casa;  tu hijo está con los deberes  y te pide que le ayudes con las tareas de matemáticas. Estás cansado/a y después de cinco minutos sin que el niño comprenda el problema, acabas diciéndole “¿pero no lo ves?, te lo he explicado cuarenta veces, ¡hijo por Dios! ¡que tienes que  hacer una suma! ¡que esto ya lo debes tener dominado! Ahora párate dos minutos y piensa en lo siguiente: Si tuviera alguna dificultad con una tarea ¿me gustaría que se dirigieran a mí con ira y con un comentario exigente? ¿me ayudaría esto a aprender? Si la respuesta es NO; entonces tienes que evitar dirigir esta clase de comentarios hacia el niño.

Si no logramos ser empáticos es posible que nuestras palabras y acciones despierten reacciones negativas que lo que harán será disponer a la otra persona a que disminuya su disposición a escuchar, responder o cooperar. Y como siempre digo:  es necesario desarrollar tu propia vida interior para mejorar la de tus hijos. No puedes dejar de lado, sé que es difícil y no todos los días uno tiene la fuerza necesaria, pero es preciso que sepas y recuerdes que somos modelos para nuestros hijos. Los niños dicen lo que decimos y hacen lo que hacemos.